Mostrando las entradas con la etiqueta autores en español. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta autores en español. Mostrar todas las entradas

domingo, julio 27, 2008

UNA IDEA ESTUPENDA

Debo confesar que cuando Charlie me contó su idea aquella mañana, solo me pareció otra más en una cadena de estúpidas ideas, otro vano intento por inventar algo que lo salvara de su mediocre existencia y lo sacara de un trabajo deplorable que odiaba con todas sus entrañas. Otra imbecilidad como la de los escudriñadores de mujeres, las lectoras de pensamientos o la vajilla autolavable y toda una serie de sandeces que, por supuesto, nunca logró llevar adelante ni hacer que funcionaran.

- ¡Vamos Karl!. Te digo que esta idea es estupenda - me contaba entusiasmado mientras desayunábamos café negro con tocino y huevos (escalfados los míos), y waffles con miel de maple en aquel lugar donde solíamos juntarnos, el Rover Inn en la calle 4, un sitio agradable, de un italoamericano llamado Anthony Minghella, como el director de "The english patient", aunque, como siempre debía aclarar el pobre sujeto, no eran parientes.

La televisión de fondo nos traía noticias de un nuevo bombardeo de nuestros muchachos a alguna asquerosa republiqueta del Tercer Mundo. Charlie estaba insistente. Al menos debo reconocerle eso al pequeño bastardo. Insiste e insiste aunque nunca llegue absolutamente a nada. Es un perdedor absoluto, pero tenaz, eso si.

- Dime Karl - me decía, mientras cortaba el tocino. - ¿Cuánto hace que no mantienes una relación duradera? -.


Su pregunta me tomó por sorpresa, en mitad de un bocado de huevos.


- ¿A qué te refieres con eso Charlie? -.

- Oh, bueno...tú sabes amigo... - dijo y me miró.

Suspiré.

- Bueno...desde Sally, ninguna -.

- ¡Cielo santo amigo! - exclamó.

- Eh...no es tanto tiempo Charlie - me defendí.

- ¿Estás bromeando?. Hace ya 5 años Karl. ¿Como pud...? -.

- Aún no logro olvidarla -.

- No me lo digas a mi Karl. Yo soy quién tiene que aguantarte cuando te agarran esos malditos ataques de llanto cada vez que vamos al cine a ver esas películas que me llevas a ver tu -.

- Creí que las románticas eran tus preferidas Charlie -.

- No Karl. ¡Son las tuyas! -.


Medité aquello un instante.


- Oh - murmuré - Tienes razón -. Charlie llamó a la camarera.

- Cariño, ¿serías tan amable de traernos un poco más de ese delicioso café? -. La camarera dijo "si" con una enorme sonrisa. Era una bella rubia de unos 30 años llamada Doris. Se acercó hasta la mesa, y mientras me servía el café me echó una mirada como para desnudarme.

- ¡¿Qué tal eso?! - bromeó Charlie.

- Oye Charlie: eres un buen amigo y todo, pero me llamaste para contarme otra de tus...bueno...llamésmolas ideas. No tengo todo el tiempo del maldito mundo, así que larga el rollo de una vez, ¿quieres? -.

- De a poco mi buen amigo, de a poco. Hace entonces 5 años que no tienes una relación duradera, ¿verdad? -.

- Cierto. He tenido sexo y además... -.

- Karl, por Dios...esa no es la cuestión -.

- ...además retomé el viejo hábito de la masturbación -.

- Oye, no me interesan tus costumbres onanistas. Sólo te pregunté por tus relaciones serias o duraderas porque esta es mi idea... -.

Tomé mi taza de café y me preparé para escucharlo hablar entusiasmado de alguna torpe idea que nunca llevaría a cabo, que no pondría en práctica y que abandonaría sin más para pasar a otra cosa y así, en unos meses nos encontraríamos de vuelta en el Rover, pidiéndole más café a alguna Jeannie o Minnie o quién diablos estuviera allí.

- Muy bien Karl. Aquí voy. ¿Te has dado cuenta lo difícil que es establecer relaciones en estos días?. Es todo tan complicado, hay tanta desconfianza, miedo a las enfermedades, al fracaso, al rechazo, al maltrato... No eres el único, por cierto, en esa situación. No hablo de mantener solo relaciones sexuales. Aunque es cierto que también ahora los encuentros casuales se han vuelto cada vez más difíciles. Lo reconozco. Los índices de divorcio se van para arriba como las acciones de Microsoft cada vez que Bill saca un nuevo modelo de Windows... -.

- Charlie - dije impaciente.

- Oh, vamos muchacho, tranquilízate, por favor. No nos llevará mucho más tiempo. Todo se enreda. La gente se mira con recelo. Si en el trabajo le preguntas la hora a una subordinada, te acusan de acoso sexual, y si lo haces en la calle, de asalto sexual en 2º grado. Claro, eso si no es una periodista. En ese caso te demandan también por violación de derechos civiles -.

- Charlie - repetí mientras cortaba un waffle.

- Muy bien, muy bien. Ya estoy llegando al centro de la cuestión amigo. Todo esto me hizo pensar... - hizo una pausa en la cuál me causó gracia pensar que Charlie pensara - ...¿qué tal si hubiera otra forma de conseguir relaciones Karl? -.

- ¿Otra forma? - pregunté sin demostrar demasiado interés. La televisión había captado toda mi atención: esas bombas si que podían quemar una población entera en un santiamén.

- Si, otra forma, más práctica, más segura, sin riesgos y con garantía...si Karl, ¡con garantía! -.

Charlie parecía un vendedor de automóviles usados actuando en un infomercial de esos que inundan la televisión de cable, como aquel maldito estafador que intentó venderme un Sedán queriéndome hacer creer que había pertenecido a Sylvester Stallone.

- Este auto perteneció a Silvestre Estaloun - dijo el tipo.

- ¿A Sly? - pregunté entusiasmado -.

- Creo que así le decían, ¿no es verdad? - comentó el vendedor con una sonrisa falsa dibujada en el rostro, ese tipo de sonrisa falsa que solo un vendedor de autos de Ohio puede darte.

- ¿Así que pertenecía a Sylvester Stallone? - murmuré -.

- Tal cual - dijo el tipo. - Era el auto favorito de Silvestre Estaloun -.

Cuando ya estaba casi decidido a hacer la compra se me ocurrió preguntar:

- ¿Estamos hablando del actor? -.

- Si - contestó el tipo dubitativo. - El actor -. Pero algo en sus ojos me pareció sospechoso.

- ¿El que protagonizó Rambo, esa película para maricones? -.

Entonces el tipo se derrumbó.

- ¡No, no, no!. Silvestre Estaloun es un maldito turco al que tuvimos que quitarle el auto porque se atrasaba siempre con sus pagos. ¡Amigo!. Debe ayudarme. Estoy desesperado, si no vendo un asqueroso pedazo de fierro en las próximas dos horas me quedaré sin el premio de fin de mes, y esta vez regalan el juego de vajilla que tanto quiere mi esposa. ¡Ayúdeme por favor! -.

Al final conseguí que el tipo me descontara 800 dólares del precio final y que me regalara un juego de llantas nuevas. No estuvo nada mal, nada mal.


- Charlie, amigo, ¿cuál es la idea?. ¿Me la puedes decir de una maldita vez? - le exigí ofuscado.
- Quiero terminar mi café y mi tocino y seguir viendo las noticias. Nuestros muchachos están haciendo un gran trabajo en aquel país del sur... -.

- Oh, está bien Karl. Está bien. Mira, yo se que no me tienes fe. Lo se. ¿Crees que no te conozco amigo?. ¿Cuántos años hace ya que nos cono cemos Karl? -.

- Muchos Charlie. Tal vez demasiados - dije.

- Está bien amigo, está bien. Comprendo la ironía. Se que nunca me creíste capaz de hacer nada como la gente. Desde niños me lo hiciste notar a cada oportunidad que tuviste -.

- Es que siempre fuiste un bastardo completamente inútil Charlie - le aclaré antes de tomar un trago de jugo de naranja.

- ¿Crees que no lo se?. Oh, amigo, créeme, lo se, lo se. Soy un completo inútil. Siempre lo fui. No, no, no. No lo niegues. Mi padre no deja de marcármelo cada vez que nos encontramos. Me odia. No logro mantener un trabajo por más de 1 año cada vez, siempre estoy sin dinero. Karl, lo se. Y mis dos ex-esposas no dejan de recordármelo cuando me llaman para reclarmarme sus dólares. Pero esta idea será una verdadera bomba amigo -.

- Ok Charlie, si tu lo dices -. Las cámaras de televisión habían entrado a una escuela a la que nuestros muchachos habían atacado con morteros.

- ¿Estás listo?.- Hizo una pausa, intentando crear suspenso antes de largar su nueva y estúpida idea.

- Una cadena de venta de relaciones - me dijo y se quedó mirándome con una sonrisa oligofrénica y los ojos bien abiertos, esperando alguna reacción de mi parte. Pero ya estaba acostumbrado a aquellas tonterías de Charlie y no me sorprendió en lo más mínimo.

- Doris, ¡más café por favor! - dije llamando a la camarera.

- Vamos amigo, no seas así. Dime, ¿qué te parece? -.


Le eché una mirada compasiva.


- Una verdadera mierda -. Pero Charlie, el tenaz bastardo, no se dió por vencido.

- Oh Karl, que pesimista eres. Siempre que te cuento alguna de mis ideas dices lo mismo -.

- Y tú sigues insistiendo - dije mientras Doris me servía café inclinándose de una manera muy sugestiva, dejándome ver apenas el nacimiento de sus pechos, que debo reconocerlo, se veían firmes y amplios debajo de aquel uniforme.

- Claro que lo hago Karl. Eres mi amigo -.


Aquello me enterneció casi hasta las lágrimas. El café estaba muy caliente.


- Bueno Charlie. Debo serte sincero: siempre fuiste un perdedor y siempre lo serás. Para qué negarlo. Eres un fracasado. Nunca triunfarás en nada. Soy tu amigo, es cierto, por eso te lo digo. Ni lo intentes. No llegarás a nada, como en todo lo que has emprendido en tu pusilánime vida. Debo reconocer tu tenacidad, eres un bastardo resistente. Otros a esta altura y con tantos fracasos sobre sus espaldas, se habrían pegado más de un tiro en la cabeza. Pero tú no, y eso es lo que tienes de bueno. Sabes que no lo lograrás, pero igual lo intentas. No puedo decir que te admire Charlie, porque nunca admiraría a un asqueroso inútil como tú. Pero tienes mi simpatía -.

- Bue... no... - dudó Charlie.

- Oye Charlie, somos amigos. ¿Hubieras preferido que no te dijera nada de esto?. No me habría sentido bien. Además me conoces. Sabes que no soy de los tipos que dicen "si, si, claro que si" para quedar bien. ¡Detesto la hipocresía! -.

- Oh, si, ya lo se. Pero podrías tener un poco más de tacto Karl - dijo ya repuesto.

- Si, podría. Pero también te estaría engañando, y ese, tu lo sabes, no es mi estilo -.

- Ya lo se Karl. De todos modos, y aunque no te guste, voy a intentarlo -.

- De acuerdo - dije.

- Mira Karl: sería sencillo. Un comercio que venda relaciones. Entra un cliente y dice "quiero una relación con una mujer inteligente, profesional, que no esté demasiado interesada en el sexo" y y así a cada uno le vendes la relación que desea mantener -.

- Ajá -.

- O una mujer que diga "quiero un marido que al menos me dure más que el anterior" y así, ¿comprendes? -.

- Eh...si, te sigo Charlie -.

- ¿No es genial?. ¡Vamos!. ¡Dime que no es genial!. No más recorrer bares de solteros, deprimentes fiestas, citas a ciegas ni por computadora, presentaciones molestas de amigas de las novias de tus amigos que son unas estúpidas. La gente se volvería loca con algo así -.

- Pero si todas las relaciones fueran tan perfectas, se acabarían todos los problemas de pareja - acoté.

- Oh, no. Para aquellos que quieran una relación conflictiva, también las habrá. Lo que yo proveo es el servicio para que la gente no tenga que buscar esas relaciones. Tu sales del negocio con la relación perfecta de acuerdo a tu pedido. No estoy hablando de organizar una cita para ver qué pasa. Te vendo la relación que tu deseas mantener y listo. ¿Me entiendes Karl? -.

- Pues creo que no - acoté. Las noticias sobre la invasión habían terminado así que empecé a prestarle atención a Doris, que cada tanto me dedicaba una sonrisa tan seductora e irresistible que por un momento me hizo olvidar para qué estaba allí. - Mira - seguí - no has venido a mejor puerto a por frutas frescas Charlie. Sabes que detesto todas tus ideas. Siempre lo hice y siempre lo haré. Tu idea me parece imposible de llevar a cabo. Fracasarás estrepitosamente de nuevo. Pero allá tú. Te lo dije las veces anteriores y nunca me prestaste atención. Así que no te deseo suerte, porque sería desperdiciarla -.

- Gracias por tu apoyo Karl -.

- De nada amigo. Doris, ¿nos traes la cuenta? -.

- Claro - dijo Doris.

- Bueno Karl. Debo ir a ver a mi padre para pedirle el dinero. Quiero empezar cuanto antes -.

- No te lo dará. No después de la última vez. Recuerda lo que te dijo... -.

- Oh, siempre dice lo mismo el viejo. Olvídate de él. ¿No querrás ayudarme, verdad? -.

- ¿Acaso no escuchaste ni una palabra de lo que te dije? - le espeté.

- Bueno. Debía intentarlo. Eres mi amigo Karl -.

Llegó Doris con la cuenta, la dejo en la mesa y me la pasó lentamente. Cuando la revisé, me di cuenta que me había anotado en ella su teléfono.

Han pasado 5 años desde aquella vez, y debo reconocer que me equivoqué por completo, que no pude estar más errado. Charlie hoy maneja una cadena de más de 150 sucursales de "Relaciones Inc." a lo largo y ancho del país. Cada mes llega a nuevas ciudades. En la última cotización de la bolsa, su empresa valía 3500 millones. Increíble lo equivocado que estuve. Aunque él también se equivocó en cuanto a lo difícil que es hoy en día relacionarse con alguien. Hace 3 meses nació Amelia, nuestro segundo hijo, de Doris y mío. Año y medio después de aquella mañana en el Rover Inn de la calle 4 nacía John. Mañana nos juntaremos nuevamente a desayunar con Charlie. Claro que esta vez prestaré más atención si me cuenta alguna nueva idea.

PIRATAS

Amor mío: algo anda mal. El barco, la tripulación, este mar. Perdimos el rumbo hace cientos de años y no logramos regresar al curso original, al plan trazado, a las coordena­das escritas sobre el mapa en aquel puerto del que zarpamos una tarde, una noche, una mañana, cuando el parche todavía cubría bien y la pata de palo nos ayudaba a mantener­nos en pie, aunque más no fuera bailando en una pata (de palo). Los tiempos han cambiado y las termitas están cada vez más difíciles de combatir.

El garfio está oxidado. Se acabó la pintura antióxido y no recuerdo que hayamos subido alguna lata a bordo cuando embarcamos. Tal vez sea un engaño de mi frágil memoria, tan perdida como aquel esquife en el que abandonamos a Urkus y los suyos cuando pretendieron amotinarse blandiendo libros como armas contra nuestros teléfonos inhalámbricos, encabronados como estaban porque decían que los talks shows no son tan buena droga como un pinchazo de cafeína, que deja una resaca que te hace rezar toda la noche de espaldas al Océano Pacífico.

¡Buitres a babor!. Pero...¡tienen trajes, corbatas y reciben órdenes en un aparato que llevan colgado del cinturón!. "Masá­crenlos" reza el último mensaje que han recibido. "Pídanle todas las boletas de impuestos y clausúrenles el bote". Con una hábil y rápida maniobra de escape, una de esas maniobras que solo quienes hemos estado tanto tiempo en altamar podemos hacer, nos escabullimos, al menos hasta la siguiente moratoria.

El clima está enrarecido. Todos se quejan por la música, pero amor mío ¿qué culpa puedo tener si hace tanto que no pasamos por una buena disquería?.

Hemos llegado al meridiano 360º. Pero no volvimos al principio: le siguió el 361º; luego el 362º y así. Algo está mal con esta brújula. ¡Por las barbas del Capitán Nemo!. ¡Te dije que no la compraras en aquel local, que siempre andan de estafa los muy canallas!.

- Son 2 dólares - dice el empleado de algo llamado boya peaje.

- ¿Dólares? - pregunto. No conozco tal palabra.

- Dólares o pesos. Es lo mismo - aclara. Este dato no me sirve de gran ayuda.

- ¿Doblones acepta? -. El tipo pone cara de fastidio.

- Jefe: ¿aceptamos doblones? - dice hablando por un radio.

- No - se escucha una voz que carraspea.

- No - me repite el empleado. Nos dice que debemos tomar la ruta larga. No sabemos cuál es, pero igual la tomamos.

¡La pata cruje!. ¡Bichos del Infierno!. ¡Carcomen la madera, criaturas del Averno!. ¡Por Neptuno!. ¡Carguen los cañones que acabaremos con ellos! (alguien me golpea el hombro mientras dice "capitán, capitán, así no se combate este tipo de insectos". Lo dice con tanta humildad y sapiencia que acepto su consejo y decido no atacar la pata de palo con semejante artillería pesada).


Amor mío: desde el puente, tenemos un paisaje único por su belleza e incomparable por lo monótono. El horizonte está lejos. Pero creo que podremos alcanzarlo. Las velas no serán problema. Las repararemos como hemos hecho tantas veces. Seguirán hinchándose con el viento como lo hacen desde un tiempo tan pero tan largo que ya ni recuerdo cuanto las pagamos. En algún cajón estará la factura. ¡Mandémosela a nuestro contador, por mil tormentas!. Seguro son deducibles de nuestras ganancias.

El teléfono no suena. La tripulación está consternada y a mis comandantes preocupados. Esperamos noticias de nuestros familiares. Entonces nos percatamos que desde hace mucho tiempo no pagamos y tal vez nos hayan cortado la línea. Es que por estos mares no hay bancos donde podamos cancelar nuestras deudas.

Diario del capitán.

Bitácora del barco.

Agenda del viaje.

Guía del estudiante.

Apuntes de la travesía.

Anotación 12-EEE-53 (encriptada): anoche nos cruzamos con sirenas. Pero éstas sirenas no nos atraían con su canto sino que nos espanta­ban con su ulular. Eran los guardacostas. ¡Pretendían abordarnos!. Seguro buscaban drogas. Nos iban a despanzurrar el bote. Con una veloz maniobra logramos esquivarlos, no sin antes cargarnos a una lancha a la que le pegamos un certero cañonazo en la sentina, acabando con todos los tripulantes por el tufo y la pestilencia. Después andan hablando de la ecología.

Anotación AbCd-+++%-%/CCC (encriptada): hoy vimos a Yolander navegando en su nuevo barco. ¡Viejo lobo de mar!. Ya no tiene "El Zargazo". Ahora pilotea un yate con 6 motores que navega como los 1000 diablos. Bailaba en cubierta rodeado de mujeres rubias que no tenían ropa y tomaban una bebida espumante. ¡Qué contento se puso cuando nos vió!. Pero pasó tan rápido a estribor que por poco y nuestra embarcación no da una vuelta campana. ¡El muy ladino!. ¡Aquella nave levantó tal oleaje!. ¡Diantres!. Ahora la tripulación se niega a seguir desplegando velas. Alegan que al menos tienen derecho a una vuelta gratis en jet ski.

Anotación 666-LUZ-Y-FuERza (endiablada): esta altura del mes y no pagamos la cuota del seguro. Espero que no suceda nada. Las finanzas no están como para andar haciendo gastos extras.

Anotación 5B-paralela (encriptación doble): un poli quiso hacernos la boleta. Pero logramos sobornarlo a tiempo. Aceptó una pata de jamón que teníamos guardado en la bodega desde 1821.

Anotación XXX-XXXX-XXXX (entubada): ayer Gígive gritó "¡Tierra, tierra!". Todos fuimos hacia la barandilla de estribor. Pero no vimos nada. Entonces Gígive exclamó nuevamente "¡Tierra, tierra!". Corrimos hacia babor. Pero tampoco vimos nada. "Señor Gígive, ¿ha dicho usted Tierra?" pregunté. "Si señor. ¡Tierra!. Este puesto ¡es un verdadero asco!. ¡Está todo sucio!" contestó Gígive. ¡El muy marica!. No le mandé al carajo pues ya estaba allí. En cambio lo castigué de la siguiente manera: debía correr por cubierta gritando a toda voz "yo no lo voté, ¡juro que no lo voté!" mientras la tripulación le contestaba a coro "no te creemos, no te creemos. Tu si lo votaste así que ¡jódete cabrón!". El castigo resultó ser ejemplar.

Anotación H.I.V. (Hastiados de Izar Velas) (encriptado): la rotisería de a bordo está sirviéndo unos platos que apestan. Todos sabemos como funcionan estas cosas: cuando recién abren la comida es maravillosa. Pero luego de un tiempo empiezan a vender rata en vez de conejo, gato por liebre, las gaseosas no tienen gas, rebajan los jugos con agua, achican las porciones y cobran lo mismo, y a la pizza de roquefort le ponen parmesano. ¡Cómo si no pudiéramos reconocer la diferencia entre los dos malditos quesos!. Junto con los oficiales y la tripulación decidimos boicotear el mal servicio yendo a otra casa de comidas. Pero la medida no surtió efecto: a bordo no hay más rotiserías que esta y tuvimos que volver con la cabeza entre las piernas y la cola gacha a comprar nuestros alimentos allí. Ahora comprendo todo el peso de la palabra "monopo­lio".

Amor mío: este viaje no es lo que esperaba. Algunos marineros están sumamente fastidiosos. Mis comandantes murmuran a mis espaldas. Algo se traen entre manos. Puedo olerlo en el aire como el olor hediondo que despido. Hace meses que no me baño. Y sigo sin conseguir un buen champú para combatir esta caspa que me trae loco.

Acabamos de pasar una boya con un cartel que decía "Buenos Aires: 1050 millas marinas". Pero no nos desviamos. Algunos de mis hombres son ingleses y se pusieron furiosos cuando les comentamos la idea de ir para aquel puerto. Comenzaron a hablar de la "Mano de Dios" y otras cuestiones religiosas que no logré comprender del todo bien.

¡Hoy estamos de suerte!. Allí enfrente hay un Mc Donalds en una plataforma petrolera abandonada de la Exxon.

¿Dije suerte?. Las hamburguesas eran espantosas. Las papas fritas estaban crudas. Las gaseosas sabían rancias. La atención era pésima. Los precios cambiaban según la cara de quién ordenaba. ¡Imagínate!. Ante semejante dislate quisimos irnos sin pagar y los guardias de seguridad nos molieron a palos. Luego nos dimos cuenta porqué el servicio era paupérrimo: la concesión del lugar la tenía un argentino.

Esto de ser pirata me tiene un poco cansado. Quisiera volver a casa, sacarme estos ridículos ropajes y tirarme en el sillón a leer el diario, fumar un buen puro de esos que tengo guardados en mi camarote mientras tu me acaricias y me sirves té. Tal vez ya esté un tanto crecido para andar de correrías. Además este año fue un completo desastre. ¡No logramos abordar ni una sola embarcación como la gente!. ¡Por los siete mares!. Estuvimos tanto tiempo sin hacer ni un abordaje que el día que alcanzamos un barco la mitad de los hombres se estrelló contra el casco de la nave que asaltábamos. Era un crucero y los pasajeros aplaudían creyendo que hacíamos un acto circense. ¡Por Dios!. ¡Como no iban a confundirse si los atacamos en pleno carnaval!. ¡Maldición!. ¡Ni siquiera llegué a gritar "¡al abordajeeeeee!" porque el idiota de Skyriu, apestoso sordo, creyó que había dado la orden de atacar, se lanzó y atrás fue todo el maldito rebaño. La próxima vez usaré un megáfono. Y antes del abordaje, a concentrar toda la noche.

Amor mío: estoy cansado. También desilusionado. Ya no soy aquel viejo lobo de mar. ¡Ni Moby Dick me resulta un libro tan entretenido como me resultaba!. La única película que llevamos a bordo es "La caza al Octubre Rojo" (deseché, por obvias razones, traer "La Sirenita") y tanto los hombres como yo estamos hartos de verla. Una buena noticia: tenemos tono de nuevo. Pero el teléfono sigue sin sonar. Tu no me llamas, no tengo noticias de ti y me pongo como loco; y ya sabés lo que pasa cuando me pongo así. Fijate sino cuanto llevo navegando y esta brújula cada vez funciona peor.

jueves, septiembre 02, 2004

CIELO

Pachu está sentado en el escalón, mirando el cielo.

- ¿Qué mirás? - pregunta Martín.

La remera blanca brilla con ese dibujo que le gusta tanto. Está limpia, parece recién planchada.

Pachu no contesta. Señala hacia arriba con una mano.

- Ah.

Martín levanta la vista, haciéndo viscera, mira el cielo.

A Pachu le gustan las zapatillas de Martín.

- ¿Son nuevas? - dice apuntando a los pies de Martín con la nariz.

Martín se mira los pies. Los mueve hacia afuera y hacia adentro, hacia afuera y hacia adentro, hacia afuera y hacia adentro.

- No se. Me las regalaron para mi cumpleaños...no...para Navidad.

- A mi para Navidad me regalaron...eh...uy...no me acuerdo que me regalaron para Navidad.

- No, para mi cumpleaños - repite Martín, inseguro todavía de la fecha del regalo.

Pachu levanta la vista al cielo nuevamente.

- ¿Qué estás mirando? - pregunta Martín de nuevo.

- No se -. Pachu deja de mirar el cielo, se da vuelta y mira a su amigo, sentado junto a él en aquel escalón. - A mi mamá...creo...

Los dos miran el cielo al mismo tiempo.

- ¿La estás viendo ahora?.

- No se.

- ¿Cómo no sabés?.

Pachu se encoge de hombros.

- No, no se - dice y levanta las manos y los hombros. - No se. No tengo...idea, como dicen... -.

- Pero entonces ¿para qué mirás?.

- Para ver si la veo.

Martín se ríe y se tapa la boca.

- "Para ver si la veo" - repite riéndose.

Pachu lo empuja y se ríe.

- Tonto.

- Tonto vos.

- No, tonto vos.

- Vos.

Se hace un silencio.

- Me dijeron que mi mamá está en el cielo - dice y señala para arriba de nuevo, se corre el pelo de la cara y termina bajando la vista al piso.

- ¿En serio?.

- Si - contesta. - Y yo la quiero ver...la quiero ver de nuevo, ¿sabés?...verla un ratito más...una vez más, ¿no?...aunque me vaya a retar por lo que hice con la muñeca de mi hermana esta mañana -. Los ojos se le llenan de lágrimas. Martín lo abraza y Pachu se abraza a él con mucha fuerza.

- Limpiate los mocos acá - le dice ofreciéndole el hombro de la remera blanca, brillante, recién planchada. - Y secate los ojos, sino no vas a ver nada -.

Pachu sonríe.

- Tendríamos que pedirle a Carlos los cosos esos que usa cuando va a allá a ver a los caballos que corren, ¡viste?. ¡Sabés?. ¡Los domingos?. Los caballos que corren... y él los mira así, como de lejos, con esos cosos redondos negros...son grandotes, con vidrios y cosas...como la cosa esa para mirar bichos que tiene tu hermana, la redonda con mango de plástico...los cosos redondos - repite y se pone los dedos alrededor de los ojos.

- ¿Vos estás loco? - dice Pachu y se ríe mientras se pasa las manos por la cara para secarse las lágrimas pegadas en los cachetes.

- No tonto, en serio.

- Tonto vos.

- Tonto vos.

- Vos.

- Vos.

Martín piensa un instante.

- ¡Paracaídas! - exclama de golpe.

Pachu lo mira extrañado.

- Pero vos estás re re loco. El paracaídas es la cosa esa que usan los que saltan de los aviones para no hacerse pomada contra el piso - le dice mostrándole los dedos juntos de la mano. - Estás... - mueve la cabeza de lado a lado, suavemente. - Re re re loco estás.

Martín lo mira unos segundos.

- Cierto. Que tonto.

- Claro, tonto vos.

- No, tonto vos.

- ¡Si vos dijiste "qué tonto"!. Entonces tonto vos.

Martín fulmina a Pachu con la mirada. Pero el que dijo "qué tonto" fue él. Pachu tiene razón. Vencido, se muerde los labios pero no dice nada.

- ¿Tu mamá estará en el cielo?.

Pachu vuelve a encogerse de hombros.

- Creo que si. El tío Julián me dijo eso.

Los dos miran para arriba.

- Pero si está en el cielo... - duda unos segundos. - ¿Podés verla igual si hay nubes?. Hoy está medio nublado, ¿viste?. ¿La podés ver lo mismo?.

- Y...no se - contesta Pachu.

Silencio.

- ¿Estará con mi abuela?.

Pachu lo mira sonriente.

- No se. Mirá...vos también preguntás cada cosa...tu abuela...

Silencio.

- ¿Y los perros van al cielo?. Como la película esa, )la viste?.

- Creo que no, no se...

Silencio.

- Pachu, pero al final vos nunca sabés nada - dice, abraza a su amigo y se quedan juntos mirando el cielo un rato, un rato bien largo.

A LA HORA DEL DESAYUNO

(Parte IV de "A la hora del almuerzo")

Hace una semana que todo pasó. La policía no tiene idea sobre lo que sucedió aquel sábado por la noche, pero aprovechó la movida para caerle encima a la mafia china. Irónicamente, resultó que SI existía una conspiración para vender alimentos en mal estado y así ir minando nuestra salud. ¡Vaya suerte!. Terminé siendo un verdadero héroe. Uno de esos héroes que no puede ufanarse de sus actos heróicos...

Por mi departamento cobré un buen seguro. Nadie investigó nada. Concluyeron que se trató una pérdida de gas y pasaron al tema siguiente.

La justicia, por supuesto, no hará nada. Igual, no me importa. Ya fui juzgado en el programa de Mauro. Me declararon inocente por 2758 llamados telefónicos contra 103 de culpable. ¡Eso es justicia!

Gracias a un llamado oportuno, aquella noche de la redada en lo de La Curva además de Perú se salvó Pamela.

- Te debo mi vida - me dijo cuando la volví a llamar. - ¿Cómo puedo pagarte? -.

- Vos sabés - dije.

Hace 6 días que estamos encerrados en lo de Daniel cogiendo sin parar. Pamela es insaciable. Yo también. Con los 6 meses que llevaba sin ponerla...

Pasado mañana me voy para Tres Arroyos. Dicen que allá no hay muchos

supermercados. Mejor. Tal vez instale uno...

lunes, mayo 31, 2004

A LA HORA DE LA MERIENDA



(Parte 2 de la “Tetralogía oriental”)


- Dale, seguí que se me está parando -.
- ¿Se te está parando?. ¡A mi ya se me paró! -.
- Pero metele...terminá la historia de una vez. ¡Qué perra! -.
- ¡Perrísima, la concha de su madre!. La hija de puta viene siempre a última hora, porque sabe que estoy solo. Así que se acerca hasta el mostrador, con unas calzas blancas metidas en la raya del orto...-.
- ¡Acaaaaabooooo! - dice el gusano libidinoso de Miguel.
- ¿¡Y viste el culo que tiene!?. ¡Melocotooooooón!. Bueno...secate la baba Miguel, ¡haceme el favor!...Sigo...Trae una remerita cortita, con toda la pancita al aire. Toda la pan-ci-ta...y ese ombliguito que querés comértelo para el postre...que perra...-.
- Perra, si. ¿Qué edad tiene? - pregunta Miguel, con una mano en el bolsillo del pantalón.
- 19 añitos -.
- Perra -.
- Perra - repito con los ojos perdidos en el horizonte.
- Terminá la historia de una vez, la puta que te parió -.
- Miguel, ¿vos no tenés que ir laburar?. ¿No tenés ningún viaje para hacer?. ¡Vago y pajero!. Bué...la mina viene hasta el mostra-dor...ah...el día anterior me cuenta que ya se quedó viviendo sola, que la hermana se mudó con el novio...no, no me dice sola...me dice "ya estoy viviendo solita". ¡Solita me dice la muy traga sables! -.
- Uhhhhhh - murmura Miguel.
- Imaginate. Se apoya en el mostrador, no tiene corpiño, le veo las tetas hasta los pezones, le alcanzo la bolsa con la ropa de ella toda doblada y planchada, la agarra, empieza a revolver y...saca una bombachita blanca con voladitos y detalles...¡imaginate la erección que tenía yo!. ¡Hija de mil putas! -.
- Perra - repite Miguel.
- Perra - repito. - Agarra la bombacha, se la acerca a la cara y la empieza oler mientras me mira y me dice "qué rico aroma tiene". Yo no lo podía creer. Imaginate la escena: yo tenía la mandíbula por el piso y la pija por el techo...-.
- ...la pija por el techo... - repite Miguel, hundido en algún tipo de trance místico.
- ...y la mina me dice "y qué suave se siente cuando me la pongo". Y yo pienso "¿Pongo?. ¡Claro que te la pongo!. ¡Te le repongooooooo!" -.
- ¿Y? -.
- Me paga y se empieza a ir. Pero antes de salir del negocio...¡que vista!...La poronga como un toc-toc tenía yo...no me aguantaba más...ese culo precioso...inigualable...la guacha se da vuelta y me pregunta "¿no hacés entrega a domicilio?". Y yo le digo "si, cuando vos quieras", me sonríe, se da vuelta, y se va... -.
Miguel casi no puede hablar. Con un hilo de voz murmura:
- La puta que la parió -.
- Que la reparió -
Nos quedamos en silencio por unos segundos.
- Bueno - dije - Miguel, me encantó haberte masturbado gratis, pero me tengo que ir a casa. Lilu me está esperando. Tengo que cerrar ya, se me hizo tarde, así que picátelas -.
Mientras cerraba pensaba en mi clienta de las calzas blancas y en Lilu, con su panzota de 8 meses de embarazo. Llevábamos 5 meses sin coger y me estaba volviendo loco.
- ¡Hay que tener cuidado con la criatura! - me decía Lilu.
- ¿Cuidado?. ¿Qué cuidado?. ¡Así aprende a garchar de chiquito! - le contestaba yo. Pero no lograba convencerla.
No había comido nada en todo el día. Llegué a casa famélico y con una erección indomable que, sabía, nadie me ayudaría a satisfacer. Al negocio no había entrado mucha gente, así que mi humor no era de lo mejor.
- Hola - dije al entrar, tratando de disimular el hambre, las ganas locas de cojer y mi talante.
- Hola mi amor. ¿Cómo estuvo tu día? - preguntó Lilu inocente.
- Bien, muy bien - mentí. - ¿Qué hay de comer? -.
- Estoy preparando unos salchichas para hacer unos panchos como te gustan a vos, con quesito, jamón y mostaza. ¿Cortás el pan? - me pidió Lilu.
Agarré el paquete de arriba de la heladera.
- ¿Dónde compraste este pan? - pregunté cual cordero entrando en el matadero.
- En lo de los chinos -.
El corazón casi se me detiene. No podía respirar. Me empezó a picar la garganta. Se me secó la lengua. De golpe empecé a toser casi hasta ahogarme. Estaba todo colorado.
- ¿Qué pasa mi amor?. ¿Qué te pasa? -.
- Nada, nada - dije. - Nada más dame un vasito con agua -.
Me tomé el vaso de un trago y me preparé para lo peor. Abrí la bolsita y lo peor sucedió.
- ¡UACALA UACALA UACALA!. ¡A la concha de su madre!. ¿Qué es esto, pan de acelga?. ¡Sucios y asquerosos comunistas! ¡No lo puedo creer!. Lo hicieron otra vez. ¿Allá serán todos como estos que inmigraron para acá?. ¿A nosotros nos mandarán los peores?. Te aseguro que si este pan alguna vez tuvo harina, fue hace mucho tiempo -.
Le mostré a Lilu. El pan estaba todo verde. No un poco. No solo unas manchas. El pan era TODO UN hongo. Algunas migas tenían vida propia
- Por lo menos esto no tiene tan mal olor - comentó Lilu
- Vos reite, vos reite. A ver la fecha de vencimiento...¡11 meses de vencido tiene esto!. ¡Rojos leprosos!..No lo puedo creer...NO LO PUEDO CREEEEEEEER - grité hasta que se me hincharon las venas del cuello
- Ehhhhh...¡A ver si bajan un poco la voz que no dejan escuchar la tele!. ¿¡Qué carajo pasa ahí abajo?! - gritó Toti.
- Los chinos de la vuelta lo cagaron otra vez - aclaró alguien desde alguna ventana.
- Hablando de cagar, Toti, ¿sabés lo qué estuvo haciendo tu mujer esta tarde? - se escuchó que gritaban desde otro departamento.
- Mejor puta y no frígida ¡vieja de mierda! - se defendió Toti.
- ¡Tranquilos todos! - terció Raquel, la del cuarto D. - A mi los chinos también que cagaron. Mi hijo el otro día metió una cucharita en un postre de dulce de leche, y sacó nada más que el mango de plástico -.
- ¡Ma'que postre!. ¡Era la sangre de Alien! - exclamó uno del 2º.
- A mi vendieron leche en mal estado. Parecía queso por salut - dijo alguien más.
- A mi siempre me curran con el vuelto - dijo otro.
- A mi me vendieron una bombita quemada -.
- Cada vez que compro galletitas están rotas -.
- ¡Y a mi la cajera me acosa sexualmente! - gritó uno del otro edificio.
- ¡La puta que te parió! ¿De qué te quejás?. Cogétela y comés gratis todos los días - sugirió Toti a los gritos.
- ¡¿Graaaatiiis?!. ¡Tu mujer Toti! -.
- ¡La reconcha de tu tía! - respondió delicado como siempre el Toti.
- ¡No hay que comprarle más a estos sucios prosoviéticos! - declaré a viva voz.
- ¡No les compramos más! - gritaron todos al unísono.
- ¡Mañana vamos todos juntos y les rompemos el boliche! - dijo otro.
- Si, si -
- ¡Los cagamos a trompadas! -.
- ¡A degüellooooo! - se entusiasmó alguno.
- ¡Mañana se la damos por el culo a los japoneses!. ¡GUADALCANAAAAAAALLL! -
- ¡Chinos, pedazo de pelotudo! - contestó uno.
- Es lo mismo... -.
Esa noche todos nos fuimos a dormir con el pecho un poco más hinchado.
A mitad de la mañana siguiente Lilu anunció que tenía un antojo de los grandes.
- Quiero comer frutillas con crema, yoghurt bebible de banana, ensalada de remolacha y huevo duro y Zucaritas con chocolatada -.
- ¿Y qué tenemos de eso en la alacena? - pregunté tontamente.
- Nada - dijo ella.
- ¿Y dónde carajo lo compro?. Porque acá a la vuelta, COMO TE IMAGINAS, no puedo ir -.
- A 5 cuadras hay otro supermercado. También son chinos -.
- Puta madre. ¿Chinos?. Bueno...vamos a ver...ahora voy -.

Fui al otro supermercado. Al entrar, una china muy linda me sonreía desde la caja.
- Buenos días - me dice.
"Al menos parecen más simpáticos que allá" pienso.
Para chequear el lugar, voy hasta la heladera de las hamburguesas, agarro una caja de Patys light y me fijo la fecha de vencimiento.
"¡A la perinola!. No lo puedo creer. Están perfectos. Le faltan como 20 días todavía para vencer".
Lleno el carrito con unas cuantas cosas. Cuando estoy en la caja le comento a la chica:
- No lo conocía este super. Primera vez que vengo. Está lindo. Limpito, las fechas de vencimiento están bien, tenés mercadería de buena marca. Vos sos muy simpática -.
- Sim-pat-ika. Glacias - me contesta.
- No como los de la vuelta de mi casa. Esos...son terribles...Tienen toda la mercadería en mal estado, te tratan mal...son terribles -.
- Te-rrib-les - repite con una sonrisa, mientras va tickeando. - Muchas gra-siaz por su compra - me despide.

Vuelvo a casa contento y listo para la batalla. A las 11 nos vamos a juntar todos los vecinos para hacerles una visita a los chinos de la vuelta. Van a recibir su merecido.

- Casi las 11, Lilu - le digo a mi mujer. - Me voy para el super. Esos orientales van a conocer nuestra famosa hospitalidad.
Llego a las 10:58, pero en la puerta no hay nadie, y me cruzo con Raquel, que viene con 3 bolsas llenas de mercadería.
- Raquel, ¿qué hacés acá? - la increpo.
- Y...las compras...Hoy...están de oferta...Nos hicieron un descuento del 85% a los vecinos del edificio... - me dice mirando hacia la puerta del supermercado, desde donde uno de los chinos nos vigilaba.
- ¿Y el resto de la gente que se iba a reunir? -. Raquel no me contesta y en cambio se va a toda velocidad.
Cuando me doy vuelta, veo que ahora los chinos son 5 ó 6. El Toti se escabulle para el otro lado, con un carrito lleno de bebidas y latas.
- ¡Toti, Toti! - le grito, pero sin darse vuelta me contesta "y que querés, me dieron todo gratis".
"Con razón en el edificio me estuvieron evitando" pensé.
A esta altura los chinos ya eran 7. De repente se abren y dejan paso a la cajera, a Chin huan y ¡a la cajera del otro supermercado adonde había estado un rato antes!. Ahí estaba, solo, sin nadie a la vista que me pudiera ayudar, abandonado por todos esos traidores. Ahora los chinos eran como 10 ó 12, no lo se...Me pareció que huir a la carrera sería un acto de cobardía inaceptable, así que me quedó firme, listo para aguantar la que viniera.
- Señol Oviedo...hoy es día 31...A usted ma-nia-na le acleditan cheque a tlavés del Banco de Galicia, caja de ahorro 36-403649-3-1. 2352,45 pesos en total..Si usted mañana no ve-nil y comprar 235 pesos con 24 centavos de melka-dería, o sea el 10% de lo que usted pelsi-ve, usted después atenelse a las consecuencias - amenazó la cajera. Chin huan asentía con la cabeza, mientras que la china del otro supermercado me miraba con una sonrisa demoníaca estampada en su bello rostro de lejano oriente.
Rodeado como estaba por aquellos hijos dilectos de Mao, solo encontré una salida decorosa.
- ¡Por supuesto! - exclamé a viva voz. - Mañana a primera hora vengo a comprar todo lo que me hace falta. Si uds. venden una mercadería de prime-ra...justamente eso les venía a decir, que mañana a la mañana en cuanto abran, 8, 8 y cuarto, estoy por acá. Tenganme listo un carrito, uno de los grandes...¡Si con lo que voy a comprar...!. Van a ver: los voy a sorprender. Mis vecinos van a quedar hechos un poroto al lado de lo que me voy a llevar yo...¡Les voy a vaciar el super! - dije, casi con algarabía. Los chinos se dieron vuelta sin decir una palabra, y se metieron de vuelta en el negocio.

- Chau, chau. ¡Gracias por la sugerencia! - dije. - ¡Nos vemos mañana!. ¡Y espérenme con el mate caliente! - exclamé.

Volví a casa sintiéndome un poco idiota. ¡Qué desubicado había es tado!. ¿Cómo les voy a pedir que me esperen con el mate caliente?. Si ellos son chinos, no urugua-yos...

sábado, abril 17, 2004

A LA HORA DEL ALMUERZO



- ¡Ughhhh! -
- ¡¿Qué...qué...qué pasa?! -.
- ¡Los patyyyys! -
- Los Patys. ¿O los patys? -.
- Las hamburguesas. Los patys. La carne. ¡ESTO!. ¡Mirá esto! -.

Me recibió una oleada hedionda de carne de un color completamente desconocido para mi hasta aquel momento; estaba pútrida, mohosa y añeja. El tiempo de envasado es muy importante en un vino. Un vino de buena calidad cuanto más añejo, mejor. Una carne con las mismas cualidades no es tan buena.

- A ver la fecha de vencimiento...-.

Mientras la busco, pregunto:

- ¿Qué fecha es hoy? -.
- 8. Enero 8 -.
- Vencimiento: Octubre 17. ¡Hijos de puta!. Pasame la otra ca
ja -.

Me la pasa agarrándola con la punta de los dedos, como si estuviera manejando material altamente radioactivo (y no digo que aquello no lo fuera) mientras con la otra mano y un repasador se tapa la nariz.

- Me paguece que voy a bomitargh -.
- Junio 10. ¡Hijos de mil putas!. ¡No lo puedo creer!. Esto está recontravencido. RE-CON-TRA-VEN-CI-DO. ¡Qué digo!. Me impresiona que no le hayan crecido pelos y uñas. ¡Que no hable!. ¡Por Dios!. ¡Qué baranda, la puta madre!. Apestó toda la casa...¡Todo el puto edificio! -.

Lilu me miraba y no entendía. Todavía se estaba tapando la nariz.

- ¿Guando laz gombraste? -
- Ayer. Con los tickets. ¿No te acordás que fui ayer al super?. Que lo parió. ¡No lo puedo creer!. Me voy a cambiarlas ahora. Porque encima estoy antojado... -.
- ¡¿Antojado?!. Si la embarazada soy yo - aclaró Lilu por si hacía falta.

- ¡Y que lo digas!. ¡Mirá el tamaño de esa panza!. Tenés que aflojar con los postres... -.

Lilu se puso a hacer pucheros. Parecía a punto de llorar.

- ¿Gué?. ¿Estoygh gogda? - dijo, como si no lo estuviera.

Me di cuenta que la cosa iba medio en serio y decidí retractarme.

- No, no, no, no quise decir eso. Quise decir que esa criatura... ¡cómo está creciendo!. Voy al super a cambiar los...esto que compré. ¡Puaj!. Todavía no lo puedo creer. ¿Que tal si te traigo un chocolate? - dije para evitar que el puchero se convirtiera en llanto.
- Blanco - pidió al borde del sollozo después de sacarse el repasador de la nariz. El olor parecía que ya no la afectaba.
- Blanco -.
- El más grande que encuentres -.
- El más grande que encuentre -.

Al parecer la peste nauseabunda había llegado hasta el piso de arriba.

- ¡Ehhhh! ¿A quién mataron hijos de puta? - gritó el Toti por la ventana. - ¡Entierrenloooo sin velarlo, la concha de su madre! -.
- Hablando de enterrar Toti, callate y enterrásela más a tu mujer - se escuchó que gritaba alguien desde otro departamento. - Sino, preguntale al portero de la vuelta, que él de enterrársela a tu esposa sabe mucho...-.
- ¡Cerrá el culo, vieja putaaaa! - contestó muy diplomático el Toti.

Otras voces fueron sumándose al combate. Siguieron lanzándose fra ses ventana-ventana y otra artillería pesada. Estaba muy interesante pero mi estómago pedía comida a gritos.

- Me voy a llevarle este experimento a los chinos a ver si me lo cambian por algo comestible y sin vida, dentro de lo posible. Se ve que todavía no aprendieron el alfabeto occidental y cristiano y no conocen muy bien nuestro calendario. ¡Hijos de puta!. Más vale que me lo cam bien o los voy a denunciar -.

Salí decidido a hacer papilla a estos estafadores llegados de tan lejos nada más que para sacarnos dinero de los bolsillos y discutir entre ellos acaloradamente delante nuestro sin tener la mínima decencia
de hacerlo en un idioma que entendamos para que podamos enterarnos porqué corno están peleando. ¡Los voy a hundir!. Hacerlos mierda sin miramiento alguno. ¿Cómo puede ser?. Esta es una decisión indeclinable. Nada, pero NADA me va a hacer cambiar de opinión. ¡Los voy a denunciar con las autoridades competentes!. ¡Estos chinos!. No soy una persona racista. Claro que no. ¿Son amarillos?. ¡Allá ellos con su hígado y su hepatitis!. Tengo amigos . Adoro a los negros. ¿Racista yo?. ¡Que vayan a venderles hamburguesas podridas a Mao, hijos de puta!. ¡Bien que se los culearon en Vietnam!. Ahora van a ver chinos del orto...

- ¿Si? -

...putos, asquerosos y enanos. ¿Yo racista?. ¿Qué tiene que ver el racismo con querer envenenarnos con esta mercadería...

- ¿Si?. ¿Qué...quelía? -.

...tan vencida que hasta un marciano se daría cuenta que...

- Disculpe. ¿Qué dijo? -.

Enfrascado en mis pensamientos no me había dado cuenta que ya estaba en el supermercado.

- No dije nada - contesté.
- Si, estaba ha-vlan-do, diciendo algo de un mar-cia-no cleo -.
- Tomá. Mirá la fecha de vencimiento de ESTO - dije enojado.
- Mmmh...¿Chin huan?. ¿Chin huan? - llamó la chica de la caja.

Inmediatamente llegó Chin huan, hermano de la cajera; se pusieron a discutir en chino mientras ella le pasaba la bolsa con las que alguna vez fueron hamburguesas. Por supuesto, no entendí nada de lo que se dijeron. El abrió la bolsa y el hedor arrasó el lugar. Si hasta me pareció que la lechuga en la verdulería se marchitaba...

- ¿Si?. ¿Qué pasal? - me preguntó.
- Eh...fijate la fecha; creo que está vencido. ¿Ves la fecha?. Venció hace 6 meses esto - dije, respirando profundamente.
- Si, ia veo. ¿Tonces? -.
- ¿Cómo"tonces"?. ¿Có-mo "TON-CES"?. Esto esta VENCIDO. Está podrido -.
- ¿Po-dri-do? - repite con dificultad. - ¿Qué po-dri-do? -.
- Huele a muerto, está pasado de fecha (la putaquete parió murmuré) -.

El hijo de puta metió la nariz en la bolsa sin ponerse si quiera pálido.

- Ah...bueno...cambiamos...ieva otro - dijo.
- No...no IEVA nada...me voy a IEVAR otra cosa. No me importa si la fecha de vencimiento está bien. Esto es...¡No se, pónganle el nombre que quieran!. Me voy a llevar un par de botellas de gaseosa y...un chocolate de esos, el más grande...si, el blanco (¿cómo se dirá hijo de puta en chino, la puta que los parió?) -.

Fui a la góndola donde estaban las gaseosas. Agarré un par de Cocas de litro y medio y cuando estaba por volver a la caja, vi que el dichoso Chin huan estaba acomodando las hamburguesas de vuelta en la heladera. No lo podía creer.

- ¿¡Ehhh!?. ¿Qué hacés? - pregunté ofuscado.
- Acomoda ham-bul-ge-sa en heladera -.
- Pero eso está recontrapodrido -.
- ¿Qué po-dri-do? -.
- ¿Me estás tomando el putísimo pelo o qué? - dije, ya enojado.
- ¿Pu-tí-si-mo? -.
- (Chino y la regarcha de tu tía). Hermano: no se si hablás japonés, taiwanés, coreano... -.
- No, yo no coreano. Yo chino -.
- La verdad, este no es el mejor momento para aprender sobre las diferencias raciales y culturales que hay entre uds. En otro momento puede ser, con todo gusto, pero ahora, hermano, estos patys te los traje porque están repodr...malos, feos, con mal olor...vencidos, pasados de fecha. Allá en oriente ¿no tiran a la basura la comida que está en mal estado? -.
- El estado, si, comunista. El estado da comida. No tira comida. No -.
- Esto no lleva a ninguna parte... - dije, y me fui para la caja. - Los voy a denunciar - le dije a la hermana de Chin huan. - ¿Cómo van a ponerlos de vuelta a la venta?. ¿Están locos uds.?. Me sorprende que sean tantos allá en China...si a todos les venden la mercadería como a nosotros... no se cómo carajo duran...¡Los voy a denunciar!. ¡Ya mismo voy a mi casa y llamo a sanidad, al ministerio!. ¡A quién sea!. Y no traten de hacerme cambiar de opinión porque no... -.

La china levantó su mano y se hizo un silencio. No se cómo, porque no lo escuché, pero Chin huan se paró a mis espaldas. La cajera me clavó la mirada, y se puso de pie. Su hermano se me acercó aún más. Casi podía sentir su respiración en mi nuca. Miré alrededor, pero no había ningún otro cliente en el supermercado. Si habían otros dos chinos que salieron de la nada. Venían caminando lentamente hacia la caja, hacia donde yo estaba.

- ¿Usted denuncial a nosotros? - preguntó la hermana de Chin huan.
- Eh...si...yo denunciarlos, porque no pueden... -.

Me señaló con el índice y volvió a preguntar, mientras una sonrisa se le dibujaba en la cara:

- ¿Usted denunciar a nosotros? -.

Saqué cuentas. Me di cuenta que era mejor no contestar.

- ¿Estal segulo que usted denunciar nosotros, usted Fernando Oviedo, domicilialo en la calle 3 de febrero 2449, piso 2, de-pal-tham-ento 1, un 3 ambientes lindo, casado con Mariana Gutiérrez, DNI 15.698.340, argentina, nacida el 1-12-64, hija de María Marta Rosello y Carlos Alejandro Gutiérrez?. ¿Usted, Fernando Oviedo, hermano de Marcelo Oviedo y Mariana Oviedo, ud. que culsó sus estudios primarios y secundalios en el mismo colegio y que estudió ingeniería en la Univelsidá de Buenos Ai-res, de donde se recibió con honoles en 1990?. ¿Ud. que tiene un laba-dher-o de ropa en la ca-ie Campos Saies 2356, telefono 701-3875?. ¿Usted piensa denuncial a nosotros? -.

Sentí la respiración agitada de Chin huan sobre mi hombro. La china no dejaba de señalarme y los otros dos me fulminaban con sus miradas torvas. No sabía qué decir, así que empecé a hablar como loco.

- Bueno...no, no, capaz que ustedes me malinterpretaron...yo sola mente...quería...quería otro chocolate de estos, pero en vez de blanco, dame el de leche con frutillas...Es riquísimo...¿Lo probaron?...No, no se preocupen...por mi, no es para tanto...Otro día compro otros patys y listo...total con una buena cocinada ni se nota el gustito medio feo que puedan llegar a tener...¿Cuánto es?...¿Estamos a mano por el cambio de mercadería, no es cierto?...Bueno...que lástima, porque no traje más plata, sino me llevaba alguna otra cosita...capaz que mañana vuelvo para hacer una compra más grande y traigo la mochila, así la llevo bien llena...Bueno, me voy yendo...Chau, chau, y gracias por todo. Muy amables, que pasen un buen día, que tengan buenas ventas -.

Salí del supermercado con sus miradas oblicuas clavadas en mi espalda. Una vez en la vereda apuré el paso. A mi se me había pasado el apetito, pero la gorda seguro que estaría desesperada por hincarle el diente a estos deliciosos chocolates.