domingo, julio 27, 2008

UNA IDEA ESTUPENDA

Debo confesar que cuando Charlie me contó su idea aquella mañana, solo me pareció otra más en una cadena de estúpidas ideas, otro vano intento por inventar algo que lo salvara de su mediocre existencia y lo sacara de un trabajo deplorable que odiaba con todas sus entrañas. Otra imbecilidad como la de los escudriñadores de mujeres, las lectoras de pensamientos o la vajilla autolavable y toda una serie de sandeces que, por supuesto, nunca logró llevar adelante ni hacer que funcionaran.

- ¡Vamos Karl!. Te digo que esta idea es estupenda - me contaba entusiasmado mientras desayunábamos café negro con tocino y huevos (escalfados los míos), y waffles con miel de maple en aquel lugar donde solíamos juntarnos, el Rover Inn en la calle 4, un sitio agradable, de un italoamericano llamado Anthony Minghella, como el director de "The english patient", aunque, como siempre debía aclarar el pobre sujeto, no eran parientes.

La televisión de fondo nos traía noticias de un nuevo bombardeo de nuestros muchachos a alguna asquerosa republiqueta del Tercer Mundo. Charlie estaba insistente. Al menos debo reconocerle eso al pequeño bastardo. Insiste e insiste aunque nunca llegue absolutamente a nada. Es un perdedor absoluto, pero tenaz, eso si.

- Dime Karl - me decía, mientras cortaba el tocino. - ¿Cuánto hace que no mantienes una relación duradera? -.


Su pregunta me tomó por sorpresa, en mitad de un bocado de huevos.


- ¿A qué te refieres con eso Charlie? -.

- Oh, bueno...tú sabes amigo... - dijo y me miró.

Suspiré.

- Bueno...desde Sally, ninguna -.

- ¡Cielo santo amigo! - exclamó.

- Eh...no es tanto tiempo Charlie - me defendí.

- ¿Estás bromeando?. Hace ya 5 años Karl. ¿Como pud...? -.

- Aún no logro olvidarla -.

- No me lo digas a mi Karl. Yo soy quién tiene que aguantarte cuando te agarran esos malditos ataques de llanto cada vez que vamos al cine a ver esas películas que me llevas a ver tu -.

- Creí que las románticas eran tus preferidas Charlie -.

- No Karl. ¡Son las tuyas! -.


Medité aquello un instante.


- Oh - murmuré - Tienes razón -. Charlie llamó a la camarera.

- Cariño, ¿serías tan amable de traernos un poco más de ese delicioso café? -. La camarera dijo "si" con una enorme sonrisa. Era una bella rubia de unos 30 años llamada Doris. Se acercó hasta la mesa, y mientras me servía el café me echó una mirada como para desnudarme.

- ¡¿Qué tal eso?! - bromeó Charlie.

- Oye Charlie: eres un buen amigo y todo, pero me llamaste para contarme otra de tus...bueno...llamésmolas ideas. No tengo todo el tiempo del maldito mundo, así que larga el rollo de una vez, ¿quieres? -.

- De a poco mi buen amigo, de a poco. Hace entonces 5 años que no tienes una relación duradera, ¿verdad? -.

- Cierto. He tenido sexo y además... -.

- Karl, por Dios...esa no es la cuestión -.

- ...además retomé el viejo hábito de la masturbación -.

- Oye, no me interesan tus costumbres onanistas. Sólo te pregunté por tus relaciones serias o duraderas porque esta es mi idea... -.

Tomé mi taza de café y me preparé para escucharlo hablar entusiasmado de alguna torpe idea que nunca llevaría a cabo, que no pondría en práctica y que abandonaría sin más para pasar a otra cosa y así, en unos meses nos encontraríamos de vuelta en el Rover, pidiéndole más café a alguna Jeannie o Minnie o quién diablos estuviera allí.

- Muy bien Karl. Aquí voy. ¿Te has dado cuenta lo difícil que es establecer relaciones en estos días?. Es todo tan complicado, hay tanta desconfianza, miedo a las enfermedades, al fracaso, al rechazo, al maltrato... No eres el único, por cierto, en esa situación. No hablo de mantener solo relaciones sexuales. Aunque es cierto que también ahora los encuentros casuales se han vuelto cada vez más difíciles. Lo reconozco. Los índices de divorcio se van para arriba como las acciones de Microsoft cada vez que Bill saca un nuevo modelo de Windows... -.

- Charlie - dije impaciente.

- Oh, vamos muchacho, tranquilízate, por favor. No nos llevará mucho más tiempo. Todo se enreda. La gente se mira con recelo. Si en el trabajo le preguntas la hora a una subordinada, te acusan de acoso sexual, y si lo haces en la calle, de asalto sexual en 2º grado. Claro, eso si no es una periodista. En ese caso te demandan también por violación de derechos civiles -.

- Charlie - repetí mientras cortaba un waffle.

- Muy bien, muy bien. Ya estoy llegando al centro de la cuestión amigo. Todo esto me hizo pensar... - hizo una pausa en la cuál me causó gracia pensar que Charlie pensara - ...¿qué tal si hubiera otra forma de conseguir relaciones Karl? -.

- ¿Otra forma? - pregunté sin demostrar demasiado interés. La televisión había captado toda mi atención: esas bombas si que podían quemar una población entera en un santiamén.

- Si, otra forma, más práctica, más segura, sin riesgos y con garantía...si Karl, ¡con garantía! -.

Charlie parecía un vendedor de automóviles usados actuando en un infomercial de esos que inundan la televisión de cable, como aquel maldito estafador que intentó venderme un Sedán queriéndome hacer creer que había pertenecido a Sylvester Stallone.

- Este auto perteneció a Silvestre Estaloun - dijo el tipo.

- ¿A Sly? - pregunté entusiasmado -.

- Creo que así le decían, ¿no es verdad? - comentó el vendedor con una sonrisa falsa dibujada en el rostro, ese tipo de sonrisa falsa que solo un vendedor de autos de Ohio puede darte.

- ¿Así que pertenecía a Sylvester Stallone? - murmuré -.

- Tal cual - dijo el tipo. - Era el auto favorito de Silvestre Estaloun -.

Cuando ya estaba casi decidido a hacer la compra se me ocurrió preguntar:

- ¿Estamos hablando del actor? -.

- Si - contestó el tipo dubitativo. - El actor -. Pero algo en sus ojos me pareció sospechoso.

- ¿El que protagonizó Rambo, esa película para maricones? -.

Entonces el tipo se derrumbó.

- ¡No, no, no!. Silvestre Estaloun es un maldito turco al que tuvimos que quitarle el auto porque se atrasaba siempre con sus pagos. ¡Amigo!. Debe ayudarme. Estoy desesperado, si no vendo un asqueroso pedazo de fierro en las próximas dos horas me quedaré sin el premio de fin de mes, y esta vez regalan el juego de vajilla que tanto quiere mi esposa. ¡Ayúdeme por favor! -.

Al final conseguí que el tipo me descontara 800 dólares del precio final y que me regalara un juego de llantas nuevas. No estuvo nada mal, nada mal.


- Charlie, amigo, ¿cuál es la idea?. ¿Me la puedes decir de una maldita vez? - le exigí ofuscado.
- Quiero terminar mi café y mi tocino y seguir viendo las noticias. Nuestros muchachos están haciendo un gran trabajo en aquel país del sur... -.

- Oh, está bien Karl. Está bien. Mira, yo se que no me tienes fe. Lo se. ¿Crees que no te conozco amigo?. ¿Cuántos años hace ya que nos cono cemos Karl? -.

- Muchos Charlie. Tal vez demasiados - dije.

- Está bien amigo, está bien. Comprendo la ironía. Se que nunca me creíste capaz de hacer nada como la gente. Desde niños me lo hiciste notar a cada oportunidad que tuviste -.

- Es que siempre fuiste un bastardo completamente inútil Charlie - le aclaré antes de tomar un trago de jugo de naranja.

- ¿Crees que no lo se?. Oh, amigo, créeme, lo se, lo se. Soy un completo inútil. Siempre lo fui. No, no, no. No lo niegues. Mi padre no deja de marcármelo cada vez que nos encontramos. Me odia. No logro mantener un trabajo por más de 1 año cada vez, siempre estoy sin dinero. Karl, lo se. Y mis dos ex-esposas no dejan de recordármelo cuando me llaman para reclarmarme sus dólares. Pero esta idea será una verdadera bomba amigo -.

- Ok Charlie, si tu lo dices -. Las cámaras de televisión habían entrado a una escuela a la que nuestros muchachos habían atacado con morteros.

- ¿Estás listo?.- Hizo una pausa, intentando crear suspenso antes de largar su nueva y estúpida idea.

- Una cadena de venta de relaciones - me dijo y se quedó mirándome con una sonrisa oligofrénica y los ojos bien abiertos, esperando alguna reacción de mi parte. Pero ya estaba acostumbrado a aquellas tonterías de Charlie y no me sorprendió en lo más mínimo.

- Doris, ¡más café por favor! - dije llamando a la camarera.

- Vamos amigo, no seas así. Dime, ¿qué te parece? -.


Le eché una mirada compasiva.


- Una verdadera mierda -. Pero Charlie, el tenaz bastardo, no se dió por vencido.

- Oh Karl, que pesimista eres. Siempre que te cuento alguna de mis ideas dices lo mismo -.

- Y tú sigues insistiendo - dije mientras Doris me servía café inclinándose de una manera muy sugestiva, dejándome ver apenas el nacimiento de sus pechos, que debo reconocerlo, se veían firmes y amplios debajo de aquel uniforme.

- Claro que lo hago Karl. Eres mi amigo -.


Aquello me enterneció casi hasta las lágrimas. El café estaba muy caliente.


- Bueno Charlie. Debo serte sincero: siempre fuiste un perdedor y siempre lo serás. Para qué negarlo. Eres un fracasado. Nunca triunfarás en nada. Soy tu amigo, es cierto, por eso te lo digo. Ni lo intentes. No llegarás a nada, como en todo lo que has emprendido en tu pusilánime vida. Debo reconocer tu tenacidad, eres un bastardo resistente. Otros a esta altura y con tantos fracasos sobre sus espaldas, se habrían pegado más de un tiro en la cabeza. Pero tú no, y eso es lo que tienes de bueno. Sabes que no lo lograrás, pero igual lo intentas. No puedo decir que te admire Charlie, porque nunca admiraría a un asqueroso inútil como tú. Pero tienes mi simpatía -.

- Bue... no... - dudó Charlie.

- Oye Charlie, somos amigos. ¿Hubieras preferido que no te dijera nada de esto?. No me habría sentido bien. Además me conoces. Sabes que no soy de los tipos que dicen "si, si, claro que si" para quedar bien. ¡Detesto la hipocresía! -.

- Oh, si, ya lo se. Pero podrías tener un poco más de tacto Karl - dijo ya repuesto.

- Si, podría. Pero también te estaría engañando, y ese, tu lo sabes, no es mi estilo -.

- Ya lo se Karl. De todos modos, y aunque no te guste, voy a intentarlo -.

- De acuerdo - dije.

- Mira Karl: sería sencillo. Un comercio que venda relaciones. Entra un cliente y dice "quiero una relación con una mujer inteligente, profesional, que no esté demasiado interesada en el sexo" y y así a cada uno le vendes la relación que desea mantener -.

- Ajá -.

- O una mujer que diga "quiero un marido que al menos me dure más que el anterior" y así, ¿comprendes? -.

- Eh...si, te sigo Charlie -.

- ¿No es genial?. ¡Vamos!. ¡Dime que no es genial!. No más recorrer bares de solteros, deprimentes fiestas, citas a ciegas ni por computadora, presentaciones molestas de amigas de las novias de tus amigos que son unas estúpidas. La gente se volvería loca con algo así -.

- Pero si todas las relaciones fueran tan perfectas, se acabarían todos los problemas de pareja - acoté.

- Oh, no. Para aquellos que quieran una relación conflictiva, también las habrá. Lo que yo proveo es el servicio para que la gente no tenga que buscar esas relaciones. Tu sales del negocio con la relación perfecta de acuerdo a tu pedido. No estoy hablando de organizar una cita para ver qué pasa. Te vendo la relación que tu deseas mantener y listo. ¿Me entiendes Karl? -.

- Pues creo que no - acoté. Las noticias sobre la invasión habían terminado así que empecé a prestarle atención a Doris, que cada tanto me dedicaba una sonrisa tan seductora e irresistible que por un momento me hizo olvidar para qué estaba allí. - Mira - seguí - no has venido a mejor puerto a por frutas frescas Charlie. Sabes que detesto todas tus ideas. Siempre lo hice y siempre lo haré. Tu idea me parece imposible de llevar a cabo. Fracasarás estrepitosamente de nuevo. Pero allá tú. Te lo dije las veces anteriores y nunca me prestaste atención. Así que no te deseo suerte, porque sería desperdiciarla -.

- Gracias por tu apoyo Karl -.

- De nada amigo. Doris, ¿nos traes la cuenta? -.

- Claro - dijo Doris.

- Bueno Karl. Debo ir a ver a mi padre para pedirle el dinero. Quiero empezar cuanto antes -.

- No te lo dará. No después de la última vez. Recuerda lo que te dijo... -.

- Oh, siempre dice lo mismo el viejo. Olvídate de él. ¿No querrás ayudarme, verdad? -.

- ¿Acaso no escuchaste ni una palabra de lo que te dije? - le espeté.

- Bueno. Debía intentarlo. Eres mi amigo Karl -.

Llegó Doris con la cuenta, la dejo en la mesa y me la pasó lentamente. Cuando la revisé, me di cuenta que me había anotado en ella su teléfono.

Han pasado 5 años desde aquella vez, y debo reconocer que me equivoqué por completo, que no pude estar más errado. Charlie hoy maneja una cadena de más de 150 sucursales de "Relaciones Inc." a lo largo y ancho del país. Cada mes llega a nuevas ciudades. En la última cotización de la bolsa, su empresa valía 3500 millones. Increíble lo equivocado que estuve. Aunque él también se equivocó en cuanto a lo difícil que es hoy en día relacionarse con alguien. Hace 3 meses nació Amelia, nuestro segundo hijo, de Doris y mío. Año y medio después de aquella mañana en el Rover Inn de la calle 4 nacía John. Mañana nos juntaremos nuevamente a desayunar con Charlie. Claro que esta vez prestaré más atención si me cuenta alguna nueva idea.