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domingo, julio 27, 2008

UNA IDEA ESTUPENDA

Debo confesar que cuando Charlie me contó su idea aquella mañana, solo me pareció otra más en una cadena de estúpidas ideas, otro vano intento por inventar algo que lo salvara de su mediocre existencia y lo sacara de un trabajo deplorable que odiaba con todas sus entrañas. Otra imbecilidad como la de los escudriñadores de mujeres, las lectoras de pensamientos o la vajilla autolavable y toda una serie de sandeces que, por supuesto, nunca logró llevar adelante ni hacer que funcionaran.

- ¡Vamos Karl!. Te digo que esta idea es estupenda - me contaba entusiasmado mientras desayunábamos café negro con tocino y huevos (escalfados los míos), y waffles con miel de maple en aquel lugar donde solíamos juntarnos, el Rover Inn en la calle 4, un sitio agradable, de un italoamericano llamado Anthony Minghella, como el director de "The english patient", aunque, como siempre debía aclarar el pobre sujeto, no eran parientes.

La televisión de fondo nos traía noticias de un nuevo bombardeo de nuestros muchachos a alguna asquerosa republiqueta del Tercer Mundo. Charlie estaba insistente. Al menos debo reconocerle eso al pequeño bastardo. Insiste e insiste aunque nunca llegue absolutamente a nada. Es un perdedor absoluto, pero tenaz, eso si.

- Dime Karl - me decía, mientras cortaba el tocino. - ¿Cuánto hace que no mantienes una relación duradera? -.


Su pregunta me tomó por sorpresa, en mitad de un bocado de huevos.


- ¿A qué te refieres con eso Charlie? -.

- Oh, bueno...tú sabes amigo... - dijo y me miró.

Suspiré.

- Bueno...desde Sally, ninguna -.

- ¡Cielo santo amigo! - exclamó.

- Eh...no es tanto tiempo Charlie - me defendí.

- ¿Estás bromeando?. Hace ya 5 años Karl. ¿Como pud...? -.

- Aún no logro olvidarla -.

- No me lo digas a mi Karl. Yo soy quién tiene que aguantarte cuando te agarran esos malditos ataques de llanto cada vez que vamos al cine a ver esas películas que me llevas a ver tu -.

- Creí que las románticas eran tus preferidas Charlie -.

- No Karl. ¡Son las tuyas! -.


Medité aquello un instante.


- Oh - murmuré - Tienes razón -. Charlie llamó a la camarera.

- Cariño, ¿serías tan amable de traernos un poco más de ese delicioso café? -. La camarera dijo "si" con una enorme sonrisa. Era una bella rubia de unos 30 años llamada Doris. Se acercó hasta la mesa, y mientras me servía el café me echó una mirada como para desnudarme.

- ¡¿Qué tal eso?! - bromeó Charlie.

- Oye Charlie: eres un buen amigo y todo, pero me llamaste para contarme otra de tus...bueno...llamésmolas ideas. No tengo todo el tiempo del maldito mundo, así que larga el rollo de una vez, ¿quieres? -.

- De a poco mi buen amigo, de a poco. Hace entonces 5 años que no tienes una relación duradera, ¿verdad? -.

- Cierto. He tenido sexo y además... -.

- Karl, por Dios...esa no es la cuestión -.

- ...además retomé el viejo hábito de la masturbación -.

- Oye, no me interesan tus costumbres onanistas. Sólo te pregunté por tus relaciones serias o duraderas porque esta es mi idea... -.

Tomé mi taza de café y me preparé para escucharlo hablar entusiasmado de alguna torpe idea que nunca llevaría a cabo, que no pondría en práctica y que abandonaría sin más para pasar a otra cosa y así, en unos meses nos encontraríamos de vuelta en el Rover, pidiéndole más café a alguna Jeannie o Minnie o quién diablos estuviera allí.

- Muy bien Karl. Aquí voy. ¿Te has dado cuenta lo difícil que es establecer relaciones en estos días?. Es todo tan complicado, hay tanta desconfianza, miedo a las enfermedades, al fracaso, al rechazo, al maltrato... No eres el único, por cierto, en esa situación. No hablo de mantener solo relaciones sexuales. Aunque es cierto que también ahora los encuentros casuales se han vuelto cada vez más difíciles. Lo reconozco. Los índices de divorcio se van para arriba como las acciones de Microsoft cada vez que Bill saca un nuevo modelo de Windows... -.

- Charlie - dije impaciente.

- Oh, vamos muchacho, tranquilízate, por favor. No nos llevará mucho más tiempo. Todo se enreda. La gente se mira con recelo. Si en el trabajo le preguntas la hora a una subordinada, te acusan de acoso sexual, y si lo haces en la calle, de asalto sexual en 2º grado. Claro, eso si no es una periodista. En ese caso te demandan también por violación de derechos civiles -.

- Charlie - repetí mientras cortaba un waffle.

- Muy bien, muy bien. Ya estoy llegando al centro de la cuestión amigo. Todo esto me hizo pensar... - hizo una pausa en la cuál me causó gracia pensar que Charlie pensara - ...¿qué tal si hubiera otra forma de conseguir relaciones Karl? -.

- ¿Otra forma? - pregunté sin demostrar demasiado interés. La televisión había captado toda mi atención: esas bombas si que podían quemar una población entera en un santiamén.

- Si, otra forma, más práctica, más segura, sin riesgos y con garantía...si Karl, ¡con garantía! -.

Charlie parecía un vendedor de automóviles usados actuando en un infomercial de esos que inundan la televisión de cable, como aquel maldito estafador que intentó venderme un Sedán queriéndome hacer creer que había pertenecido a Sylvester Stallone.

- Este auto perteneció a Silvestre Estaloun - dijo el tipo.

- ¿A Sly? - pregunté entusiasmado -.

- Creo que así le decían, ¿no es verdad? - comentó el vendedor con una sonrisa falsa dibujada en el rostro, ese tipo de sonrisa falsa que solo un vendedor de autos de Ohio puede darte.

- ¿Así que pertenecía a Sylvester Stallone? - murmuré -.

- Tal cual - dijo el tipo. - Era el auto favorito de Silvestre Estaloun -.

Cuando ya estaba casi decidido a hacer la compra se me ocurrió preguntar:

- ¿Estamos hablando del actor? -.

- Si - contestó el tipo dubitativo. - El actor -. Pero algo en sus ojos me pareció sospechoso.

- ¿El que protagonizó Rambo, esa película para maricones? -.

Entonces el tipo se derrumbó.

- ¡No, no, no!. Silvestre Estaloun es un maldito turco al que tuvimos que quitarle el auto porque se atrasaba siempre con sus pagos. ¡Amigo!. Debe ayudarme. Estoy desesperado, si no vendo un asqueroso pedazo de fierro en las próximas dos horas me quedaré sin el premio de fin de mes, y esta vez regalan el juego de vajilla que tanto quiere mi esposa. ¡Ayúdeme por favor! -.

Al final conseguí que el tipo me descontara 800 dólares del precio final y que me regalara un juego de llantas nuevas. No estuvo nada mal, nada mal.


- Charlie, amigo, ¿cuál es la idea?. ¿Me la puedes decir de una maldita vez? - le exigí ofuscado.
- Quiero terminar mi café y mi tocino y seguir viendo las noticias. Nuestros muchachos están haciendo un gran trabajo en aquel país del sur... -.

- Oh, está bien Karl. Está bien. Mira, yo se que no me tienes fe. Lo se. ¿Crees que no te conozco amigo?. ¿Cuántos años hace ya que nos cono cemos Karl? -.

- Muchos Charlie. Tal vez demasiados - dije.

- Está bien amigo, está bien. Comprendo la ironía. Se que nunca me creíste capaz de hacer nada como la gente. Desde niños me lo hiciste notar a cada oportunidad que tuviste -.

- Es que siempre fuiste un bastardo completamente inútil Charlie - le aclaré antes de tomar un trago de jugo de naranja.

- ¿Crees que no lo se?. Oh, amigo, créeme, lo se, lo se. Soy un completo inútil. Siempre lo fui. No, no, no. No lo niegues. Mi padre no deja de marcármelo cada vez que nos encontramos. Me odia. No logro mantener un trabajo por más de 1 año cada vez, siempre estoy sin dinero. Karl, lo se. Y mis dos ex-esposas no dejan de recordármelo cuando me llaman para reclarmarme sus dólares. Pero esta idea será una verdadera bomba amigo -.

- Ok Charlie, si tu lo dices -. Las cámaras de televisión habían entrado a una escuela a la que nuestros muchachos habían atacado con morteros.

- ¿Estás listo?.- Hizo una pausa, intentando crear suspenso antes de largar su nueva y estúpida idea.

- Una cadena de venta de relaciones - me dijo y se quedó mirándome con una sonrisa oligofrénica y los ojos bien abiertos, esperando alguna reacción de mi parte. Pero ya estaba acostumbrado a aquellas tonterías de Charlie y no me sorprendió en lo más mínimo.

- Doris, ¡más café por favor! - dije llamando a la camarera.

- Vamos amigo, no seas así. Dime, ¿qué te parece? -.


Le eché una mirada compasiva.


- Una verdadera mierda -. Pero Charlie, el tenaz bastardo, no se dió por vencido.

- Oh Karl, que pesimista eres. Siempre que te cuento alguna de mis ideas dices lo mismo -.

- Y tú sigues insistiendo - dije mientras Doris me servía café inclinándose de una manera muy sugestiva, dejándome ver apenas el nacimiento de sus pechos, que debo reconocerlo, se veían firmes y amplios debajo de aquel uniforme.

- Claro que lo hago Karl. Eres mi amigo -.


Aquello me enterneció casi hasta las lágrimas. El café estaba muy caliente.


- Bueno Charlie. Debo serte sincero: siempre fuiste un perdedor y siempre lo serás. Para qué negarlo. Eres un fracasado. Nunca triunfarás en nada. Soy tu amigo, es cierto, por eso te lo digo. Ni lo intentes. No llegarás a nada, como en todo lo que has emprendido en tu pusilánime vida. Debo reconocer tu tenacidad, eres un bastardo resistente. Otros a esta altura y con tantos fracasos sobre sus espaldas, se habrían pegado más de un tiro en la cabeza. Pero tú no, y eso es lo que tienes de bueno. Sabes que no lo lograrás, pero igual lo intentas. No puedo decir que te admire Charlie, porque nunca admiraría a un asqueroso inútil como tú. Pero tienes mi simpatía -.

- Bue... no... - dudó Charlie.

- Oye Charlie, somos amigos. ¿Hubieras preferido que no te dijera nada de esto?. No me habría sentido bien. Además me conoces. Sabes que no soy de los tipos que dicen "si, si, claro que si" para quedar bien. ¡Detesto la hipocresía! -.

- Oh, si, ya lo se. Pero podrías tener un poco más de tacto Karl - dijo ya repuesto.

- Si, podría. Pero también te estaría engañando, y ese, tu lo sabes, no es mi estilo -.

- Ya lo se Karl. De todos modos, y aunque no te guste, voy a intentarlo -.

- De acuerdo - dije.

- Mira Karl: sería sencillo. Un comercio que venda relaciones. Entra un cliente y dice "quiero una relación con una mujer inteligente, profesional, que no esté demasiado interesada en el sexo" y y así a cada uno le vendes la relación que desea mantener -.

- Ajá -.

- O una mujer que diga "quiero un marido que al menos me dure más que el anterior" y así, ¿comprendes? -.

- Eh...si, te sigo Charlie -.

- ¿No es genial?. ¡Vamos!. ¡Dime que no es genial!. No más recorrer bares de solteros, deprimentes fiestas, citas a ciegas ni por computadora, presentaciones molestas de amigas de las novias de tus amigos que son unas estúpidas. La gente se volvería loca con algo así -.

- Pero si todas las relaciones fueran tan perfectas, se acabarían todos los problemas de pareja - acoté.

- Oh, no. Para aquellos que quieran una relación conflictiva, también las habrá. Lo que yo proveo es el servicio para que la gente no tenga que buscar esas relaciones. Tu sales del negocio con la relación perfecta de acuerdo a tu pedido. No estoy hablando de organizar una cita para ver qué pasa. Te vendo la relación que tu deseas mantener y listo. ¿Me entiendes Karl? -.

- Pues creo que no - acoté. Las noticias sobre la invasión habían terminado así que empecé a prestarle atención a Doris, que cada tanto me dedicaba una sonrisa tan seductora e irresistible que por un momento me hizo olvidar para qué estaba allí. - Mira - seguí - no has venido a mejor puerto a por frutas frescas Charlie. Sabes que detesto todas tus ideas. Siempre lo hice y siempre lo haré. Tu idea me parece imposible de llevar a cabo. Fracasarás estrepitosamente de nuevo. Pero allá tú. Te lo dije las veces anteriores y nunca me prestaste atención. Así que no te deseo suerte, porque sería desperdiciarla -.

- Gracias por tu apoyo Karl -.

- De nada amigo. Doris, ¿nos traes la cuenta? -.

- Claro - dijo Doris.

- Bueno Karl. Debo ir a ver a mi padre para pedirle el dinero. Quiero empezar cuanto antes -.

- No te lo dará. No después de la última vez. Recuerda lo que te dijo... -.

- Oh, siempre dice lo mismo el viejo. Olvídate de él. ¿No querrás ayudarme, verdad? -.

- ¿Acaso no escuchaste ni una palabra de lo que te dije? - le espeté.

- Bueno. Debía intentarlo. Eres mi amigo Karl -.

Llegó Doris con la cuenta, la dejo en la mesa y me la pasó lentamente. Cuando la revisé, me di cuenta que me había anotado en ella su teléfono.

Han pasado 5 años desde aquella vez, y debo reconocer que me equivoqué por completo, que no pude estar más errado. Charlie hoy maneja una cadena de más de 150 sucursales de "Relaciones Inc." a lo largo y ancho del país. Cada mes llega a nuevas ciudades. En la última cotización de la bolsa, su empresa valía 3500 millones. Increíble lo equivocado que estuve. Aunque él también se equivocó en cuanto a lo difícil que es hoy en día relacionarse con alguien. Hace 3 meses nació Amelia, nuestro segundo hijo, de Doris y mío. Año y medio después de aquella mañana en el Rover Inn de la calle 4 nacía John. Mañana nos juntaremos nuevamente a desayunar con Charlie. Claro que esta vez prestaré más atención si me cuenta alguna nueva idea.

lunes, mayo 31, 2004

A LA HORA DE LA MERIENDA



(Parte 2 de la “Tetralogía oriental”)


- Dale, seguí que se me está parando -.
- ¿Se te está parando?. ¡A mi ya se me paró! -.
- Pero metele...terminá la historia de una vez. ¡Qué perra! -.
- ¡Perrísima, la concha de su madre!. La hija de puta viene siempre a última hora, porque sabe que estoy solo. Así que se acerca hasta el mostrador, con unas calzas blancas metidas en la raya del orto...-.
- ¡Acaaaaabooooo! - dice el gusano libidinoso de Miguel.
- ¿¡Y viste el culo que tiene!?. ¡Melocotooooooón!. Bueno...secate la baba Miguel, ¡haceme el favor!...Sigo...Trae una remerita cortita, con toda la pancita al aire. Toda la pan-ci-ta...y ese ombliguito que querés comértelo para el postre...que perra...-.
- Perra, si. ¿Qué edad tiene? - pregunta Miguel, con una mano en el bolsillo del pantalón.
- 19 añitos -.
- Perra -.
- Perra - repito con los ojos perdidos en el horizonte.
- Terminá la historia de una vez, la puta que te parió -.
- Miguel, ¿vos no tenés que ir laburar?. ¿No tenés ningún viaje para hacer?. ¡Vago y pajero!. Bué...la mina viene hasta el mostra-dor...ah...el día anterior me cuenta que ya se quedó viviendo sola, que la hermana se mudó con el novio...no, no me dice sola...me dice "ya estoy viviendo solita". ¡Solita me dice la muy traga sables! -.
- Uhhhhhh - murmura Miguel.
- Imaginate. Se apoya en el mostrador, no tiene corpiño, le veo las tetas hasta los pezones, le alcanzo la bolsa con la ropa de ella toda doblada y planchada, la agarra, empieza a revolver y...saca una bombachita blanca con voladitos y detalles...¡imaginate la erección que tenía yo!. ¡Hija de mil putas! -.
- Perra - repite Miguel.
- Perra - repito. - Agarra la bombacha, se la acerca a la cara y la empieza oler mientras me mira y me dice "qué rico aroma tiene". Yo no lo podía creer. Imaginate la escena: yo tenía la mandíbula por el piso y la pija por el techo...-.
- ...la pija por el techo... - repite Miguel, hundido en algún tipo de trance místico.
- ...y la mina me dice "y qué suave se siente cuando me la pongo". Y yo pienso "¿Pongo?. ¡Claro que te la pongo!. ¡Te le repongooooooo!" -.
- ¿Y? -.
- Me paga y se empieza a ir. Pero antes de salir del negocio...¡que vista!...La poronga como un toc-toc tenía yo...no me aguantaba más...ese culo precioso...inigualable...la guacha se da vuelta y me pregunta "¿no hacés entrega a domicilio?". Y yo le digo "si, cuando vos quieras", me sonríe, se da vuelta, y se va... -.
Miguel casi no puede hablar. Con un hilo de voz murmura:
- La puta que la parió -.
- Que la reparió -
Nos quedamos en silencio por unos segundos.
- Bueno - dije - Miguel, me encantó haberte masturbado gratis, pero me tengo que ir a casa. Lilu me está esperando. Tengo que cerrar ya, se me hizo tarde, así que picátelas -.
Mientras cerraba pensaba en mi clienta de las calzas blancas y en Lilu, con su panzota de 8 meses de embarazo. Llevábamos 5 meses sin coger y me estaba volviendo loco.
- ¡Hay que tener cuidado con la criatura! - me decía Lilu.
- ¿Cuidado?. ¿Qué cuidado?. ¡Así aprende a garchar de chiquito! - le contestaba yo. Pero no lograba convencerla.
No había comido nada en todo el día. Llegué a casa famélico y con una erección indomable que, sabía, nadie me ayudaría a satisfacer. Al negocio no había entrado mucha gente, así que mi humor no era de lo mejor.
- Hola - dije al entrar, tratando de disimular el hambre, las ganas locas de cojer y mi talante.
- Hola mi amor. ¿Cómo estuvo tu día? - preguntó Lilu inocente.
- Bien, muy bien - mentí. - ¿Qué hay de comer? -.
- Estoy preparando unos salchichas para hacer unos panchos como te gustan a vos, con quesito, jamón y mostaza. ¿Cortás el pan? - me pidió Lilu.
Agarré el paquete de arriba de la heladera.
- ¿Dónde compraste este pan? - pregunté cual cordero entrando en el matadero.
- En lo de los chinos -.
El corazón casi se me detiene. No podía respirar. Me empezó a picar la garganta. Se me secó la lengua. De golpe empecé a toser casi hasta ahogarme. Estaba todo colorado.
- ¿Qué pasa mi amor?. ¿Qué te pasa? -.
- Nada, nada - dije. - Nada más dame un vasito con agua -.
Me tomé el vaso de un trago y me preparé para lo peor. Abrí la bolsita y lo peor sucedió.
- ¡UACALA UACALA UACALA!. ¡A la concha de su madre!. ¿Qué es esto, pan de acelga?. ¡Sucios y asquerosos comunistas! ¡No lo puedo creer!. Lo hicieron otra vez. ¿Allá serán todos como estos que inmigraron para acá?. ¿A nosotros nos mandarán los peores?. Te aseguro que si este pan alguna vez tuvo harina, fue hace mucho tiempo -.
Le mostré a Lilu. El pan estaba todo verde. No un poco. No solo unas manchas. El pan era TODO UN hongo. Algunas migas tenían vida propia
- Por lo menos esto no tiene tan mal olor - comentó Lilu
- Vos reite, vos reite. A ver la fecha de vencimiento...¡11 meses de vencido tiene esto!. ¡Rojos leprosos!..No lo puedo creer...NO LO PUEDO CREEEEEEEER - grité hasta que se me hincharon las venas del cuello
- Ehhhhh...¡A ver si bajan un poco la voz que no dejan escuchar la tele!. ¿¡Qué carajo pasa ahí abajo?! - gritó Toti.
- Los chinos de la vuelta lo cagaron otra vez - aclaró alguien desde alguna ventana.
- Hablando de cagar, Toti, ¿sabés lo qué estuvo haciendo tu mujer esta tarde? - se escuchó que gritaban desde otro departamento.
- Mejor puta y no frígida ¡vieja de mierda! - se defendió Toti.
- ¡Tranquilos todos! - terció Raquel, la del cuarto D. - A mi los chinos también que cagaron. Mi hijo el otro día metió una cucharita en un postre de dulce de leche, y sacó nada más que el mango de plástico -.
- ¡Ma'que postre!. ¡Era la sangre de Alien! - exclamó uno del 2º.
- A mi vendieron leche en mal estado. Parecía queso por salut - dijo alguien más.
- A mi siempre me curran con el vuelto - dijo otro.
- A mi me vendieron una bombita quemada -.
- Cada vez que compro galletitas están rotas -.
- ¡Y a mi la cajera me acosa sexualmente! - gritó uno del otro edificio.
- ¡La puta que te parió! ¿De qué te quejás?. Cogétela y comés gratis todos los días - sugirió Toti a los gritos.
- ¡¿Graaaatiiis?!. ¡Tu mujer Toti! -.
- ¡La reconcha de tu tía! - respondió delicado como siempre el Toti.
- ¡No hay que comprarle más a estos sucios prosoviéticos! - declaré a viva voz.
- ¡No les compramos más! - gritaron todos al unísono.
- ¡Mañana vamos todos juntos y les rompemos el boliche! - dijo otro.
- Si, si -
- ¡Los cagamos a trompadas! -.
- ¡A degüellooooo! - se entusiasmó alguno.
- ¡Mañana se la damos por el culo a los japoneses!. ¡GUADALCANAAAAAAALLL! -
- ¡Chinos, pedazo de pelotudo! - contestó uno.
- Es lo mismo... -.
Esa noche todos nos fuimos a dormir con el pecho un poco más hinchado.
A mitad de la mañana siguiente Lilu anunció que tenía un antojo de los grandes.
- Quiero comer frutillas con crema, yoghurt bebible de banana, ensalada de remolacha y huevo duro y Zucaritas con chocolatada -.
- ¿Y qué tenemos de eso en la alacena? - pregunté tontamente.
- Nada - dijo ella.
- ¿Y dónde carajo lo compro?. Porque acá a la vuelta, COMO TE IMAGINAS, no puedo ir -.
- A 5 cuadras hay otro supermercado. También son chinos -.
- Puta madre. ¿Chinos?. Bueno...vamos a ver...ahora voy -.

Fui al otro supermercado. Al entrar, una china muy linda me sonreía desde la caja.
- Buenos días - me dice.
"Al menos parecen más simpáticos que allá" pienso.
Para chequear el lugar, voy hasta la heladera de las hamburguesas, agarro una caja de Patys light y me fijo la fecha de vencimiento.
"¡A la perinola!. No lo puedo creer. Están perfectos. Le faltan como 20 días todavía para vencer".
Lleno el carrito con unas cuantas cosas. Cuando estoy en la caja le comento a la chica:
- No lo conocía este super. Primera vez que vengo. Está lindo. Limpito, las fechas de vencimiento están bien, tenés mercadería de buena marca. Vos sos muy simpática -.
- Sim-pat-ika. Glacias - me contesta.
- No como los de la vuelta de mi casa. Esos...son terribles...Tienen toda la mercadería en mal estado, te tratan mal...son terribles -.
- Te-rrib-les - repite con una sonrisa, mientras va tickeando. - Muchas gra-siaz por su compra - me despide.

Vuelvo a casa contento y listo para la batalla. A las 11 nos vamos a juntar todos los vecinos para hacerles una visita a los chinos de la vuelta. Van a recibir su merecido.

- Casi las 11, Lilu - le digo a mi mujer. - Me voy para el super. Esos orientales van a conocer nuestra famosa hospitalidad.
Llego a las 10:58, pero en la puerta no hay nadie, y me cruzo con Raquel, que viene con 3 bolsas llenas de mercadería.
- Raquel, ¿qué hacés acá? - la increpo.
- Y...las compras...Hoy...están de oferta...Nos hicieron un descuento del 85% a los vecinos del edificio... - me dice mirando hacia la puerta del supermercado, desde donde uno de los chinos nos vigilaba.
- ¿Y el resto de la gente que se iba a reunir? -. Raquel no me contesta y en cambio se va a toda velocidad.
Cuando me doy vuelta, veo que ahora los chinos son 5 ó 6. El Toti se escabulle para el otro lado, con un carrito lleno de bebidas y latas.
- ¡Toti, Toti! - le grito, pero sin darse vuelta me contesta "y que querés, me dieron todo gratis".
"Con razón en el edificio me estuvieron evitando" pensé.
A esta altura los chinos ya eran 7. De repente se abren y dejan paso a la cajera, a Chin huan y ¡a la cajera del otro supermercado adonde había estado un rato antes!. Ahí estaba, solo, sin nadie a la vista que me pudiera ayudar, abandonado por todos esos traidores. Ahora los chinos eran como 10 ó 12, no lo se...Me pareció que huir a la carrera sería un acto de cobardía inaceptable, así que me quedó firme, listo para aguantar la que viniera.
- Señol Oviedo...hoy es día 31...A usted ma-nia-na le acleditan cheque a tlavés del Banco de Galicia, caja de ahorro 36-403649-3-1. 2352,45 pesos en total..Si usted mañana no ve-nil y comprar 235 pesos con 24 centavos de melka-dería, o sea el 10% de lo que usted pelsi-ve, usted después atenelse a las consecuencias - amenazó la cajera. Chin huan asentía con la cabeza, mientras que la china del otro supermercado me miraba con una sonrisa demoníaca estampada en su bello rostro de lejano oriente.
Rodeado como estaba por aquellos hijos dilectos de Mao, solo encontré una salida decorosa.
- ¡Por supuesto! - exclamé a viva voz. - Mañana a primera hora vengo a comprar todo lo que me hace falta. Si uds. venden una mercadería de prime-ra...justamente eso les venía a decir, que mañana a la mañana en cuanto abran, 8, 8 y cuarto, estoy por acá. Tenganme listo un carrito, uno de los grandes...¡Si con lo que voy a comprar...!. Van a ver: los voy a sorprender. Mis vecinos van a quedar hechos un poroto al lado de lo que me voy a llevar yo...¡Les voy a vaciar el super! - dije, casi con algarabía. Los chinos se dieron vuelta sin decir una palabra, y se metieron de vuelta en el negocio.

- Chau, chau. ¡Gracias por la sugerencia! - dije. - ¡Nos vemos mañana!. ¡Y espérenme con el mate caliente! - exclamé.

Volví a casa sintiéndome un poco idiota. ¡Qué desubicado había es tado!. ¿Cómo les voy a pedir que me esperen con el mate caliente?. Si ellos son chinos, no urugua-yos...