jueves, julio 01, 2010

LAS TARDECITAS

(Ejercicio para el Profesorado de Lengua y Literatura, Taller de Narrativa 3. En este caso el ejercicio consistìa en trabajar con un binomio fantàstico con palabras elegidas de una lista escrita por los alumnos al azar. Las palabras que elegì fueron TARDE y ATADA)

Alguien se había robado la tarde. Sólo teníamos mañanas y noches. Fue buscada intensamente, en muchos lugares y a distintas horas. Pero no hubo caso. La tarde no aparecía y nosotros seguíamos teniendo largas mañanas y extensas noches.

Aquellos fueron tiempos de incertidumbre y desconcierto, de momentos románticos perdidos y fotos que no pudieron ser tomadas, de sobremesas cortas, de asados apurados, de chicos que ya no podían merendar mojando las vainillas en el vaso de leche chocolatada.

No habíapistas sobre por qué alguien se había robado la tarde. Nadie reivindicaba aquel robo. Los investigadores no sabían dónde ni cuando seguir buscando.

Los ingleses decidieron cambiar el five o´clock tea por el ten o´clock breakfast. Pero todos sentían que no era lo mismo, que no había caso, que sin la tarde, el día no tenía sentido.

Se planificaron nuevos diseños horarios para el día, pero los distintos gobiernos no lograron ponerse de acuerdo. Las discusiones fueron tan intensas que en cierto momento se temió que estallara una conflagración mundial, hasta que todos retornaron a sus cabales y firmaron sendos documentos en los que se comprometían a seguir trabajando mancomunadamente en la búsqueda de soluciones que satisficieran a todos los actores involucrados en el marco de un esfuerzo conjunto que conllevara las mejores intenciones. En la siguiente reunión, no estalló una conflagración mundial, pero los golpes de puño, los insultos y las patadas estuvieron a la orden del día.

Estados Unidos acusó a sendos países musulmanes de tener a la tarde de rehén y los invadió declarando que lo hacía en “nombre de la libertad, la democracia y el día completo”. Todos sabían que eso era una simple excusa, a pesar de lo que dijera la prensa. Al poco tiempo fue evidente que los países invadidos no tenían en su poder a la tarde y que todo había sido un invento, otro más, de los estadounidenses.

Después de un tiempo, comenzamos a acostumbrarnos a no tener más tardes y sólo vivir de mañana y de noche. Cuando ya nos habíamos olvidado del asunto y todas las búsquedas habían sido suspendidas, cuando aceptamos que ya no tomaríamos más meriendas y que no tendríamos más atardeceres para mirar extasiados, una noticia recorrió el mundo como un rayo.

La tarde había sido encontrada.

La encontró la policía, de pura casualidad. Estaba atada a una cama, muy demacrada, reducida a un simple rato. Según contó la misma tarde, la había secuestrado un muchacho que detestaba las siestas y adoraba los amaneceres. Le había prometido que pronto la liberaría, pero al tenerla allí, no pudo cumplir su promesa: sin darse cuenta, se había enamorado de ella y ya no quería dejarla partir. Finalmente un día, dijo la tarde, el muchacho se fue sin decir palabra y ya no volvió.

La policía liberó a la tarde y pronto todo volvió a ser como antes. Según fuentes de la investigación, los agentes del orden llegaron a aquel departamento tras un llamado anónimo que los alertó, y al que acudieron sin ninguna esperanza, ya que en su momento, cientos de pistas falsas fueron seguidas y descartadas.

Del muchacho nunca se supo nada, ni su nombre, su edad, a qué se dedicaba o por qué nos había robado la tarde, pero pronto todos nos olvidamos de él, tan felices como estábamos por haber recuperado la tarde. Se sospecha que fue él mismo quien llamó para alertar a la policía. La tarde no quiso hablar con la prensa ni hacer declaraciones de ningún tipo. Dicen quienes mejor la conocen, que mientras estuvo atada en aquella cama de aquel departamento, la tarde cambió. Hay quienes aseguran haberla escuchado suspirar profundamente mientras el sol se pone, añorando a su captor, deseando ser raptada otra vez, aunque más no fuera, por tan sólo un rato cualquiera de estas tardes.